Líneas verticales en las uñas: por qué aparecen (y por qué antes tus uñas eran más fuertes)

7 de octubre de 2026 · 6 min de lectura

Líneas verticales en las uñas: por qué aparecen (y por qué antes tus uñas eran más fuertes)

—Antes tenía unas uñas fuertísimas, ¿sabés? Ahora mirá: rayitas por todos lados, y se me parten.

Lo escucho seguido en la silla, casi con esas palabras. Y casi siempre viene con una pregunta atrás: "¿me falta algo?".

La respuesta corta, en la mayoría de los casos, es no. Te cuento por qué.

Qué son esas líneas

Son pequeños surcos que van desde la base de la uña hasta la punta. Tienen nombre técnico (onicorrexis), pero lo importante es otra cosa: no son "crestas" que sobresalen, sino surcos, canaletas finitas en la superficie, y que es normal que empiecen a aparecer después de los 30 años.[1]

Los dermatólogos coinciden: las líneas verticales son un hallazgo normal y se vuelven más comunes con la edad.[2][3] En un estudio con 400 personas, casi la mitad de las mayores las tenía.[4]

Pensalo como las líneas de expresión de la cara. No son una enfermedad: son tiempo.

¿Por qué antes eran más fuertes?

Porque la uña también cambia con los años, y eso sí está estudiado:

  • Crece más lento. A lo largo de la vida, la velocidad de crecimiento de la uña puede bajar a la mitad.[5] Una uña que crece más lento tarda más en renovarse.

  • Pierde parte de su "grasa protectora". Entre las capas de la uña hay unas grasas que las mantienen unidas, como el cemento entre los ladrillos. Un estudio vio que en las mujeres esa grasa baja con la edad.[6] Con menos cemento, las capas se separan más fácil.

  • Se vuelve más frágil. La uña frágil es especialmente común en mujeres de más de 50 años.[3]

¿Y la perimenopausia? Te soy honesta: busqué y no encontré estudios que midan las uñas en esa etapa en particular. Los estudios miden la edad, no el momento hormonal. Lo que sí escribí sobre la menopausia está en uñas en la menopausia.

Lo que las marca más

Las líneas aparecen con la edad, pero algunas cosas las acentúan:[3][7]

  • Mojar y secar las manos todo el día (platos, limpieza, lavado frecuente) y el contacto con solventes.

  • Golpes y presión repetida en la uña.

  • Algunas enfermedades de la piel, como el liquen plano, que puede marcar mucho las uñas.

El mito del calcio (y del hierro)

"Tenés rayas porque te falta calcio." Es de lo que más se dice, y no tiene respaldo. El calcio que hay en la uña está en la superficie y viene sobre todo del agua, no de lo que comés, y que no tiene que ver con lo dura que sea la uña.[1][8]

¿Y el hierro? La falta de hierro se asocia a otra forma: una uña fina y hundida, como una cucharita. No a las líneas verticales.[9]

Así que antes de llenarte de suplementos por las rayitas, mirá el resto de la lista.

¿Y las líneas horizontales?

Son otra historia, y vale la pena distinguirlas:

Si aparecen en casi todas las uñas a la misma altura, suelen ser las llamadas líneas de Beau. Aparecen semanas después de algo que "frenó" la fábrica de la uña: una enfermedad fuerte, fiebre alta, un tratamiento como la quimioterapia.[9][10]

Y tienen un dato curioso: sirven como calendario. Como la uña crece unos 3 milímetros por mes,[10][11] si la línea está a 6 milímetros de la cutícula, lo que la causó pasó hace más o menos dos meses.

Si están en una o dos uñas, sobre todo en el pulgar, como escalones uno arriba del otro, muchas veces vienen de empujar o tocar la cutícula todo el tiempo.[7][12] Es un hábito, y cuando se deja, la uña nueva crece lisa.

Cuándo sí conviene consultar

Esto es lo importante. Andá al dermatólogo sin esperar si ves:[9][13][14]

  • una línea oscura (marrón o negra) en una sola uña, sobre todo si es ancha (más de 3 milímetros), si cambia o si la mancha pasa a la piel de alrededor,

  • un canal único y profundo en el medio de la uña,

  • cambios que aparecen rápido o en varias uñas junto con otros síntomas.

No te lo digo para asustarte: la mayoría de las líneas son normales. Pero una línea oscura en una sola uña siempre la tiene que ver un médico.

Qué NO hacer: limar las rayas

Es tentador pasar la lima para "emparejar". Pero para borrar un surco hay que limar toda la uña hasta el fondo del surco más profundo, y eso la deja más fina en toda su superficie.[1] Las guías de dermatología también recomiendan no limar la superficie de la uña.[7]

Es como lijar una mesa para sacar un rayón: el rayón se va, pero la madera queda más fina.

Qué sí ayuda

  • Disimular en vez de limar. Una base niveladora o un esmalte que cubra rellena visualmente los surcos sin sacarle uña.[1][15] Si además se quiebran, un kapping fino las protege mientras crecen. Te lo cuento en kapping en uñas.

  • Aceite en la cutícula y la uña, para mantenerla flexible y frenar la pérdida de agua. Lo explico en aceite de palta para uñas.

  • Guantes para mojarte y agua tibia en vez de caliente. Más cuidados para uñas frágiles en uñas débiles y quebradizas.

Y algo que digo siempre: tu uña de hoy no es "peor" que la de antes. Es una uña que te acompañó muchos años. Se trata de cuidarla distinto, no de pedirle que sea la de los 20.

En el atelier

Si querés que miremos tus líneas juntas, escribime y mandame una foto con luz natural por WhatsApp, o reservá en la agenda. Si veo algo que no es de manicura, te lo digo y te derivo. Atiendo en Buceo, Montevideo.


Sobre la autora

Andressa de Oliveira Gimenes

Soy Andressa de Oliveira Gimenes, manicura especializada en salud de uñas, con atelier en Buceo. Me formé en salud de uñas y trabajo con lo que dicen la dermatología y las guías de control de infecciones. No soy médica: observo, oriento y, cuando algo no es de manicura, te derivo al dermatólogo.

Fuentes

[1] Schoon D. Face to Face with Doug Schoon, Vol. 1 (p. 26) y Vol. 2 (p. 28, 29, 51-52, 79). Schoon Scientific. Material técnico de formación.
[2] Baran R. 2011 (revisión). https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/21146733/
[3] Chessa MA, Iorizzo M, Richert B, et al. Pathogenesis, Clinical Signs and Treatment Recommendations in Brittle Nails: A Review. Dermatology and Therapy, 2020;10(1):15-27. https://doi.org/10.1007/s13555-019-00338-x
[4] El-Domyati et al. 2014 (n=400). https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/25399619/
[5] Orentreich et al. 1979. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/448171/
[6] Brosche et al. Aging Clinical and Experimental Research, 2001 (n=70). https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11405386/
[7] Reinecke, Hinshaw. 2020 (revisión). https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32258335/
[8] Forslind et al. 1976 (estudio de laboratorio). https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/950494/
[9] Tully et al. American Family Physician, 2012 (revisión). https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/22534387/
[10] Mittal et al. 2022 (revisión). https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35198463/
[11] Yaemsiri et al. Journal of the European Academy of Dermatology and Venereology, 2010 (n=22). https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/19744178/
[12] Lee, Lipner. International Journal of Environmental Research and Public Health, 2022 (revisión). https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35329078/
[13] Levit et al. 2000 (regla ABCDEF de la uña). https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/10642684/
[14] Grupo de expertos, Journal of the American Academy of Dermatology, 2025. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40023404/
[15] Iorizzo M, Piraccini BM, Tosti A. Journal of Cosmetic Dermatology, 2007 (revisión). https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/17348997/